EL ACOSO DE LAS FANTASIAS ZIZEK PDF

Este acoso de las jantllsias del que habla Petrarca en Mi secreto y estas imagenes que nubian nuestro razonamien- to son lIevados hasta sus ultimas consecuencias por los medios audiovisuales modern os. Entre los antagonismos que caraCleri- zan nuestra epoca la globalizacion de los mercados con tra la reafirmacion de las particularidades etnicas, etc. En los buenos dias de la Ideologiekrilik tradicional, el proceso paradigmatico critico era regresar de las nociones "abstractas" 10 religioso , 10 legal basaban; hoy en dfa, al parecer, el procedimiento cdtico se ve [or- zado a tomar, cada vez con mayor frecuencia , la direccion con- traria, de las imagenes seudoconcretas a 10 abstracto digital, to a la realidad social concreta en que estas abstracciones se mercado , procesos que est. En este libro se abordan sistemiilicamenre, desde una perspec- tiva lacaniana, las presuposiciones de este "acoso de las fan- tasias". Oespues del capitulo introductorio, que elabora los Ifmi- tes de la nocion de fantasia, la primera pane de la obra se enfoca sobre la efectividad de la fantasia en los conflictos polftico-ideo- logicos comemporaneos los nuevos fundarnentalismos etnicos, la obscenidad inherenle al poder. La segunda pane trata ace rca del apoyo fanlasmati co de los medios masivos, desde el cine hasta el ciberespacio.

Author:Tugal Kagarr
Country:Ukraine
Language:English (Spanish)
Genre:History
Published (Last):2 November 2017
Pages:143
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ISBN:231-5-52936-348-8
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Bien, no hay problema, soy racional, tolerante, lo acepto Este acoso de las fantasas del que habla Petrarca en Mi secreto y estas imgenes que nublan nuestro razonamiento son llevados hasta sus ltimas consecuencias por los medios audiovisuales modernos.

Entre los antagonismos que caracterizan nuestra poca la globalizacin de los mercados contra la reafirmacin de las particularidades tnicas, etc. En los buenos das de la Ideologiekritik tradicional, el proceso paradigmtico crtico era regresar de las nociones "abstractas" lo religioso, lo legal En este libro se abordan sistemticamente, desde una perspectiva lacaniana, las presuposiciones de este "acoso de las fantasas". Despus del captulo introductorio, que elabora los lmites de la nocin de fantasa, la primera parte de la obra se enfoca sobre la efectividad de la fantasa en los conflictos poltico-ideolgicos contemporneos los nuevos fundamentalismos tnicos, la obscenidad inherente al poder.

La segunda parte trata acerca del apoyo fantasmtico de los medios masivos, desde el cine hasta el ciberespacio. Finalmente, en la seccin "La mujer que insiste", se analiza la imagen fantasmtica de la mujer en el cine contemporneo, desde Lynch hasta Kieslowski, la imagen cuya fascinante presencia oculta la imposibilidad inherente a la relacin sexual.

Acaso no estuvo el llamado "lado oscuro de Michael Jackson" siempre presente, a plena luz, en los videoclips que acompaaban sus lanzamientos musicales, que siempre estuvieron saturados de violencia ritualizada y gestos sexuales obscenos como lo ejemplifican Thrillery Bad?

El inconsciente est expuesto, no oculto por una profundidad insondable; o, citando el lema de Los expedientes secretos X: "La verdad est afuera. En los grandes proyectos de los edificios pblicos de la Unin Sovitica en los aos treinta se ergua en lo alto un gigantesco monumento al Hombre Nuevo idealizado o a la nueva pareja; en el transcurso de un par de aos, la tendencia a achatar el edificio de oficinas el lugar de trabajo real de la gente viva se hizo claramente evidente, convirtindolo, cada vez ms, en un simple pedestal para la colosal estatua.

Esto no pone acaso en evidencia, mediante dicha caracterstica externa y material del diseo arquitectnico, la "verdad" de la ideologa stalinista, en la cual la gente real y viva se convierte en un mero instrumento, sacrificada como el pedestal ante el espectro de un futuro Hombre Nuevo, un monstruo ideolgico cuyos pies aplastan a los hombres reales? La paradoja es, sin embargo, que si alguien hubiera dicho en la Unin Sovitica de los treinta que el Hombre Nuevo socialista era un monstruo ideolgico que aplastaba a los hombres, habra sido arrestado de inmediato -sin embargo estaba permitido, y de hecho incluso era apoyado, el hacerlo mediante el diseo arquitectnico Por lo tanto, lo que aqu se discute no es simplemente que la ideologa trasciende el nivel supuestamente no ideolgico de la vida cotidiana, sino que esta materializacin de la ideologa en un objeto concreto exterior pone en evidencia los antagonismos inherentes que no pueden ser reconocidos por la formulacin ideolgica explcita: es como si la edificacin ideolgica, para poder funcionar "normalmente", debiera obedecer a un "diablillo perverso" y formular su antagonismo inherente en la exterioridad de su existencia material.

Esta exterioridad, que materializa la ideologa en forma directa, se oculta tambin como "utilidad". Es decir, en la vida cotidiana, la ideologa se manifiesta especialmente en la referencia, aparentemente inocente, a la utilidad pura -uno no debe olvidar jams que, en el universo simblico, "utilidad" funciona como un concepto reflexivo, es decir, siempre implica la afirmacin de la utilidad como sentido por ejemplo, alguien que vive en la gran ciudad y maneja un vehculo de doble traccin, no lleva simplemente una vida sensata y prctica; ms bien tiene ese vehculo para mostrar que su vida se rige por una actitud prctica y sensata.

El maestro indiscutible de este tipo de anlisis fue, sin duda, Claude Lvi-Strauss, cuyo tringulo semitico de la preparacin de los alimentos crudos, horneados, hervidos demostr cmo la comida funciona tambin como "alimento para el pensamiento".

Probablemente todos recordamos la escena de Buuel en El fantasma de la libertad, en la que la relacin entre la alimentacin y la defecacin se invierte: la gente se sienta en sus inodoros alrededor de una mesa, conversando placenteramente, y cuando quieren comer, preguntan en voz baja a la sirvienta: "Dnde est ese lugar, usted sabe?

As, a fin de suplementar a Lvi-Strauss, uno se siente tentado de proponer que la caca tambin puede servir como matire--penser. En el inodoro tradicional alemn, el agujero por el que desaparece la caca al empujar la palanca se encuentra al frente, de modo que sta se encuentra en un primer momento ante nosotros para ser olida e inspeccionada buscando algn signo de enfermedad; en el tpico inodoro francs, por el contrario, el agujero se localiza en la parte posterior, es decir, se busca que la caca desaparezca tan pronto como sea posible; por ltimo el inodoro americano nos presenta una especie de combinacin, un punto medio entre estos polos opuestos -la taza del inodoro est llena de agua, en la cual la caca flota, visible, pero no para ser inspeccionada No es extrao que, en la famosa discusin sobre los distintos inodoros europeos al principio de su semiolvidado Miedo de volar.

Erica Jong afirme irnicamente que "los inodoros alemanes son la verdadera clave de los horrores del Tercer Reich. Quienes son capaces de construir inodoros como stos son capaces de cualquier cosa. Hegel fue uno de los primeros en interpretar la trada geogrfica de Alemania-FranciaInglaterra como una expresin de tres actitudes existenciales diferentes: la alemana reflejando la profundidad; la francesa, la precipitacin revolucionaria; la inglesa, un pragmatismo utilitario moderado; esta trada en trminos de posicin poltica- puede ser leda como conservadurismo alemn, radicalismo revolucionario francs y liberalismo moderado ingls; en lo relativo al predominio de una de las esferas de la vida social, tenemos la poesa y la metafsica alemanas contra la poltica francesa y la economa inglesa.

La referencia a los inodoros no slo nos permite reconocer esta misma trada en el mbito ntimo del cumplimiento de la funcin excremental, sino que manifiesta la mecnica bsica de esta trada con tres actitudes diferentes hacia este exceso excremental: la ambigua fascinacin contemplativa; el apresurado intento por librarse del desagradable exceso lo antes posible; la visin pragmtica del exceso como un objeto que debe ser desechado en forma apropiada.

De este modo, es fcil para un catedrtico clamar en una mesa redonda que vivimos en un universo postideolgico -en el momento en que va al bao tras la acalorada discusin, est una vez ms con la ideologa hasta el cuello La investidura ideolgica de estas referencias a la utilidad se demuestra por su carcter dialgico: el inodoro americano recibe un sentido a travs de su relacin diferencial con el francs y el alemn.

Tenemos tal multitud de tipos de inodoros tan slo porque existe un exceso traumtico que cada uno de ellos intenta acomodar -segn Lacan, una de las caractersticas que separa al hombre de los animales es precisamente sa, la de que, con los humanos, el desecho de la caca se convierte en un problema Y refirindonos a un dominio an ms ntimo, acaso no encontramos el mismo tringulo semitico en los tres estilos principales del vello pbico femenino?

El vello salvaje y descuidado indica una actitud hippie que favorece la espontaneidad natural; los yuppies prefieren el disciplinado cuidado de un jardn francs se rasura el vello junto a ambas piernas, de modo que quede tan slo una delgada lnea en el centro, con bordes bien definidos ; en una actitud punk, la vagina es rapada totalmente y decorada con anillos frecuentemente sujetos a un cltoris perforado. No representa esto otra versin del tringulo semitico de LviStrauss de un "crudo" vello salvaje, un bien cuidado vello "horneado" y un vello rasurado "hervido"?

Podemos ver que incluso las ms ntimas actitudes referentes al cuerpo pueden convertirse en una declaracin ideolgica. Con respecto a Tartufo, de Moliere, Henri Bergson seala cmo la obra no resulta graciosa a causa de su hipocresa, sino porque Tartufo queda atrapado en su propia mscara de hipocresa: Se enfrasc tan bien en el papel del hipcrita que lo actu, puede decirse, sinceramente.

Y de este modo y slo de este modo, se torn gracioso. Sin esta sinceridad puramente material, sin la actitud y el habla que, mediante la larga prctica de la hipocresa, se convirtieron en un modo natural de actuar para l, Tartufo sera simplemente repugnante.

A esto tambin se refiere el "fetichismo de la mercanca" de Marx: en su autoconciencia explcita, un capitalista es un nominalista sensato, pero la "sinceridad puramente material" de sus actos muestra las "debilidades teolgicas" del universo de las mercancas. Es esta "sinceridad puramente material" del ritual ideolgico externo, y no la profundidad de las convicciones y los deseos del individuo, lo que constituye el verdadero locus de la fantasa que sostiene la construccin ideolgica.

La nocin estndar con respecto al funcionamiento de la fantasa en el contexto de la ideologa es la de un escenario fantstico que opaca el verdadero horror de la situacin: en lugar de una verdadera descripcin de los antagonismos que recorren nuestra sociedad, nos permitimos una percepcin de la sociedad como un todo orgnico, que se mantiene unido gracias a las fuerzas de la solidaridad y la cooperacin Sin embargo, una vez ms, resulta mucho ms productivo buscar esta nocin de fantasa donde uno no esperara encontrarla, en las situaciones marginales y aparentemente utilitarias.

Basta con recordar las instrucciones de seguridad previas al despegue de un avin -no se sostienen acaso por un escenario fantasmtico de cmo se vera un accidente areo? Tras un suave aterrizaje en el agua milagrosamente siempre se espera que ocurra en el agua! No es tambin esta "amabilizacin" de una catstrofe un suave aterrizaje, las azafatas como bailarinas sealando graciosamente la salida Pero la nocin psicoanaltica de la fantasa no puede ser reducida a un escenario fantstico que opaca el horror real de la situacin; desde luego, lo primero, y casi obvio, que se debe agregar es que la relacin entre la fantasa y el horror de lo Real que oculta es mucho ms ambigua de lo que pudiera parecer: la fantasa oculta este horror, pero al mismo tiempo crea aquello que pretende ocultar, el punto de referencia "reprimido" no son las imgenes de esa Cosa horripilante, desde el calamar gigante al aterrador remolino, las creaciones fantasmticas por excelencia?

El ejemplo de la referencia del conservadurismo a los horribles orgenes del poder su prohibicin de hablar de estos horrores, que crea precisamente el horror del "crimen primordial" mediante el cual el poder fue instituido explica perfectamente el funcionamiento radicalmente ambiguo de lo Horrible con respecto a la imagen de la fantasa: el Horror no es simple y llanamente lo Real intolerable encubierto por la pantalla de la fantasa -el modo en el que enfoca nuestra atencin, imponindose como lo desconocido, y por ese mismo motivo an ms central para el punto de referencia.

Lo Horrible puede, en s mismo, funcionar como una pantalla, como aquello cuyos fascinantes efectos ocultan algo "ms horrible que el horror mismo", el vaco primordial o el antagonismo. No es, por ejemplo, la demoniaca imagen antisemita del judo, la trama juda, como una evocacin del mximo Horror, el que es, precisamente, la pantalla fantasmtica que nos permite evitar la confrontacin con el antagonismo social?

El lugar del sujeto en la fantasa Lo primero que hay que sealar es que la respuesta a la pregunta "quin, dnde, cmo participa el sujeto que fantasea en la narrativa fantasmtica? En otro nivel, se puede decir lo mismo de la identidad simblica del sujeto; la forma ms evidente de hacer palpable la paradoja es parafraseando la advertencia comn en los crditos cinematogrficos "Cualquier parecido con hechos o personas reales es pura coincidencia": la distancia entre fi y S, entre el vaco del sujeto y la caracterstica significante que lo representa, implica que "cualquier parecido del sujeto consigo mismo es pura coincidencia".

No existe absolutamente ninguna relacin entre lo real [fantasmtico] del sujeto y su identidad simblica: ambos son totalmente inconmensurables.

De este modo, la fantasa crea una gran cantidad de "posiciones de sujeto", entre las cuales observando, fantaseando el sujeto est en libertad de flotar, de pasar su 1 identificacin de una a otra. Aqu se justifica hablar de "posiciones de sujeto mltiples y dispersas", en el entendimiento de que estas posiciones de sujeto deben distinguirse del vaco que es el sujeto.

Esquematismo trascendental de la fantasa En segundo lugar, la fantasa no slo realiza un deseo en forma alucinatoria: su funcin es ms bien similar al "esquematismo trascendental" kantiano una fantasa constituye nuestro deseo, provee sus coordenadas, es decir, literalmente "nos ensea cmo desear".

Ponindolo en trminos ms simples: la fantasa no significa que cuando quiero pastel de fresa y no puedo conseguirlo, en realidad fantaseo acerca de comerlo; el problema ms bien es: como s en primer lugar que quiero pastel de fresa?

Esto es lo que me indica la fantasa. Este papel de la fantasa se basa en el hecho de que "no hay relacin sexual", no hay una frmula o matriz universal que garantice una relacin sexual exitosa con el compaero: a causa de la ausencia de tal frmula cada sujeto se ve obligado a inventar su propia fantasa, una frmula "privada" para esta relacin -para un hombre la relacin con una mujer slo es posible mientras sta se adapte a su frmula.

Recientemente, las feministas eslovenas reaccionaron con furia ante el anuncio publicitario de una compaa de cosmticos que promova una locin bronceadora y en el que se mostraba un cierto nmero de bien bronceados traseros femeninos, en ajustados trajes de bao, acompaados por la frase "Cada una tiene su propio factor". Desde luego, este anuncio se basa en un muy burdo doble sentido: el eslogan se refiere a la locin bronceadora, que se ofrece con diferentes factores de proteccin para adaptarse a los distintos tipos de piel; sin embargo, su efecto general se basa en la evidente perspectiva machista: "Se puede tener a cualquier mujer, basta con que el hombre conozca su factor, su catalizador especfico, lo que la excita!

No hay nada estimulante en nuestra conciencia de este "factor"; esta conciencia no puede ser subjetivizada, es extrao, incluso horripilante, puesto que de algn modo "elimina" al sujeto, reducindolo al nivel de un ttere "mas all de la libertad y de la dignidad". Intersubjetividad La tercera caracterstica trata de la intersubjetividad radical del carcter de la fantasa. La depreciacin crtica y el abandono del trmino "intersubjetividad" en la obra tarda de Lacan en nn claro contraste con su insistencia temprana en que el verdadero dominio de la experiencia psicoanaltica no es ni lo subjetivo ni lo objetivo, sino la intersubjetividad , de ningn modo implica abandonar la nocin de que la relacin del sujeto con su Otro y el deseo de este ltimo es crucial para la identidad misma del sujeto -paradjicamente, uno debera decir que el abandono de la "intersubjetividad" por parte de Lacan es estrictamente correlativo al enfoque de la atencin sobre el enigma impenetrable del deseo del Otro "Che vuoiT.

Lo que hace Lacan en sus ltimos aos con la intersubjetividad debe contraponerse a las motivaciones hegelokojevianas de la lucha por el reconocimiento, en sus primeras obras, de la conexin dialctica entre el reconocimiento del deseo y el deseo de reconocimiento, as como tambin a las de la etapa intermedia de la obra de Lacan, con el tema "estructuralista" del gran Otro como la estructura simblica annima.

Tal vez la forma ms fcil de distinguir estos cambios es enfocndonos en el cambiante estatus del objeto. En las primeras obras de Lacan el objeto es devaluado en lo referente a sus cualidades inherentes, cuenta slo como lo que est enjuego en las luchas intersubjetivas por el reconocimiento y el amor la leche que el nio reclama a la madre es reducida a una "demostracin de amor", es decir, la demanda de leche busca que la madre demuestre su amor por el nio; un sujeto celoso exige un cierto juguete, ste se convierte en el objeto de su demanda porque sabe que su hermano tambin lo desea, etc.

En la obra tarda de Lacan, por el contrario, el acento se desplaza a lo que "es" el objeto mismo, al galma, el tesoro secreto, que garantiza un mnimo de consistencia fantasmtica al ser del sujeto; es decir, el objeto a como el objeto cle la fantasa, que es "algo ms que yo mismo", gracias al cual me percibo a m mismo como "digno del deseo del Otro".

Uno debe tener en cuenta siempre que el deseo "realizado" escenificado en la fantasa no es el del sujeto, sino el deseo del otro: la fantasa, la formacin fantasmtica es una respuesta al enigma del "che vuoiT, "ests diciendo esto, pero qu es lo que realmente quieres al decirlo? Un nio pequeo se encuentra sumido en una compleja red de relaciones, funciona como una especie de catalizador y campo de batalla para los deseos de quienes lo rodean; su padre, su madre, sus hermanos y hermanas, etc.

Si bien el nio se da cuenta de este papel, no puede imaginar qu objeto es l precisamente para los otros, cul es la naturaleza exacta de los juegos que juegan con l, y la fantasa le proporciona una respuesta a este enigma -en su nivel ms fundamental, la fantasa me dice qu soy yo para los otros.

Es una vez ms el antisemitismo, la paranoia antisemita la que pone de manifiesto de modo ejemplar este carcter intersnbjetivo de la fantasa: la fantasa la fantasa social del complot judo es un intento por responder a la pregunta "qu desea la sociedad de m? Por ese motivo, la teora aceptada de la "proyeccin", segn la cual el antisemita "proyecta" sobre la figura del judo la parte rechazada de s mismo, es insuficiente: la figura del "judo conceptual" no puede ser reducida a la externalizacin de mi "conflicto interior" antisemita ; por el contrario, es testigo del y trata de hacer frente al hecho de que soy, por principio, parte descentrada de una opaca red cuyo sentido y lgica escapan a mi control.

Esta intersubjetividad radical de la fantasa es discernible incluso en los casos ms elementales, como aquel relatado por Freud en el que su hijita fantaseaba con comer un pastel de fresa -lo que tenemos aqu no es en ninguna circunstancia simplemente un caso de satisfaccin alucinatoria directa de un deseo quera pastel, no lo obtuvo, de modo que fantase al respecto As, el verdadero sentido de la fantasa de comer pastel de fresa es un intento de formar una identidad como sta la del que disfruta profundamente el comer un pastel dado por sus padres , que satisfaga a sus padres, lo que la convertira en el objeto de su deseo Se puede percibir claramente la diferencia con las primeras obras de Lacan, en las cuales el objeto es reducido a una muestra que resulta absolutamente insignificante por s sola, pues importa nicamente como el punto en el que mi deseo y el del Otro se intersecan: para el Lacan posterior, el objeto es precisamente eso que es "en el sujeto ms que el sujeto mismo" y lo que fantaseo que el Otro fascinado por m ve en m.

As, ya no es el objeto el que funge como mediador entre mi deseo y el del Otro; es ms bien el mismo deseo del Otro el que hace las veces de mediador entre el sujeto "tachado" fi y el objeto perdido que el sujeto "es", es decir, provee de una mnima identidad fantasmtica al sujeto. Y tambin se puede ver en qu consiste la traverse du fantasme: en una aceptacin del hecho de que no existe un tesoro secreto en m, que mi soporte el del sujeto es puramente fantasmtico.

La oclusin narrativa del antagonismo Cuarto punto: la fantasa es la forma primordial de narrativa, que sirve para ocultar algn estancamiento original. La fantasa sociopoltica por excelencia, desde luego, es el mito de la "acumulacin originaria": la narracin de los dos obreros, uno flojo y despilfarrador, el otro acumulando e invirtiendo con diligencia e iniciativa, que provee el mito de los "orgenes del capitalismo", ocultando la violencia de sus verdaderos orgenes. No es slo que algunas narraciones sean "falsas", basadas en la exclusin de hechos traumticos y parchando los agujeros dejados por estas exclusiones; la hiptesis de Lacan es mucho ms dura: la respuesta a la pregunta "por qu contamos historias?

Por esto, es la forma misma de la narrativa la que permanece como testigo de un antagonismo reprimido. El precio que se paga por la resolucin narrativa es la petitio principa del circuito temporal, es decir, la narracin presupone tcitamente que aquello que pretende reproducir ya est dado la narracin de la "acumulacin originaria" efectivamente no explica nada, pues supone la existencia de un trabajador que se comporta ya como un capitalista plenamente desarrollado.

Elaboremos sobre este gesto de la resolucin narrativa del antagonismo en relacin con la crtica estndar new age a Descartes: a Descartes se le reprocha su "antropocentrismo". Sin embargo, no involucra la subjetividad cartesiana como correlativa del universo de la ciencia moderna al "giro copernicano"? No desplaza al hombre del centro y lo reduce a una criatura insignificante en un pequeo planeta? En otras palabras, lo que se debe tener en mente es cmo la desustancializacin cartesiana del sujeto, su reduccin a fi , al vaco puro de la negatividad relativa a s mismo, es estrictamente correlativa a la reduccin opuesta del hombre a un grano de polvo en la infinidad del universo, a uno entre los innumerables objetos que existen en ste: stos son dos aspectos de un mismo proceso.

En este sentido, Descartes es radicalmente antihumanista, es decir, disuelve la perspectiva renacentista del hombre como la criatura mxima en la cspide de la creacin, a un puro cogito y a su remanente corporal: la elevacin del sujeto como agente trascendental de la sntesis constitutiva de la realidad es correlativa con la degradacin de su portador a ser uno ms entre los objetos mundanos.

Pese a que a Descartes se le reclama su parcialidad patriarcal las innegables caractersticas masculinas del cogito , no representa su formulacin del cogito como pensamiento puro, y que como tal "no tiene sexo", el primer rompimiento con la ontologa sexualizada premoderna? A Descartes tambin se le reprocha el concebir al sujeto como poseedor de los objetos naturales, de modo que los animales y el ambiente en general son reducidos a simples objetos disponibles para ser explotados, sin ninguna proteccin.

No es verdad, sin embargo, que slo al darles el ttulo de propiedad, quedan los objetos naturales protegidos legalmente por primera vez como slo la propiedad lo puede ser? En todos estos casos como en otros , Descartes estableci el estndar por el cual uno evala y rechaza su doctrina positiva en favor de un acercamiento "holstico" poscartesiano. La narrativizacin constituye, por lo tanto, una falsa representacin en sus dos versiones: bajo la apariencia de evolucin de una forma primitiva a una superior, ms cultivada de la primitiva supersticin fetichista a la religin espiritual monotesta o, en el caso de Descartes, de una ontologa primitiva sexualizada al pensamiento neutral moderno , o bajo la apariencia de la historia de la evolucin histrica como regresin o Cada digamos, en el caso de Descartes, de una unidad orgnica con la naturaleza a la actitud explotativa hacia ella; de la complementariedad espiritual premoderna del hombre y la mujer a la identificacin cartesiana de la mujer con lo "natural", etc.

Tras la Caida Esto nos lleva a la siguiente caracterstica, la problemtica de la Cada. Contrariamente a la sensata concepcin del fantaseo como una indulgencia en la realizacin alucinatoria de los deseos prohibidos por la Ley, la narracin fantasmtica no escenifica la suspensin-transgresin de la Ley, sino el acto mismo de su instauracin, de la intervencin en el corte de la castracin simblica. Lo que la fantasa se esfuerza por representar es, a fin de cuentas, la escena "imposible" de la castracin.

Por este motivo, la fantasa como tal, como nocin misma, se encuentra cercana a la perversin: el ritual perverso escenifica el acto de la castracin, de la prdida primordial que le permite al sujeto entrar en el orden simblico. O, expresndolo en forma ms precisa: en contraste con el sujeto "normal" para quien la Ley cumple el papel del agente de la prohibicin que regula el acceso al objeto de su deseo, para el perverso el objeto de su deseo es la Ley, la Ley es el ideal que desea, quiere ser plenamente reconocido por la Ley, integrado a su funcionamiento La irona de esto no puede escaprsenos: el "perverso", este "transgresor" por excelencia que pretende violar todas las reglas del comportamiento "normal" y decente, busca en realidad la imposicin misma de la Ley.

En el mbito poltico basta con recordar la interminable bsqueda del punto fantasmtico en el que la historia alemana "dio un mal giro" que desemboc en el nazismo: la demorada unificacin nacional, debido al desmembramiento del imperio alemn tras la guerra de los Treinta Aos; la estetizacin de la poltica en la reaccin romntica frente a Kant la teora de Jean-Luc Nancy y Philippe Lacoue-Labarthe ; la "crisis de investidura" y el socialismo estatal de Bismarck en la segunda mitad del siglo diecinueve, hasta las crnicas de la resistencia de la tribus germnicas ante los romanos que, supuestamente, mostraban ya caractersticas del Volksgemeinschaft Ejemplos de este tipo abundan: cundo, por ejemplo, coincidi exactamente la represin patriarcal con la represin y la explotacin de la naturaleza?

El ecofeminismo asume una cantidad de determinaciones "regresivas" de este particular momento fantasmtico de la Cada; el predominio del capitalismo occidental en el siglo XIX; la ciencia cartesiana moderna con su actitud objetivizante ante la naturaleza; la ilustracin racionalista socrtica griega; el surgimiento de grandes imperios brbaros, hasta el pasaje de las civilizaciones nmadas a las agrarias Y, como lo seal Jacques-Alain Miller, no est incluso Foucault atrapado en el mismo crculo fantasmtico en su bsqueda del momento en el que surge el orden occidental de la sexualidad?

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